LOS DERECHOS DE LA PERSONALIDAD Y LAS RELACIONES LABORALES EN EL ORDENAMIENTO BRASILEÑO

DRA. YONE FREDIANI
BRASIL

Como es de conocimiento general, las relaciones laborales están marcadas por dos intereses antagónicos; de un lado, los intereses del empleador, quien, en calidad de propietario de los medios de producción, es asimismo el que ostenta los poderes de dirección, disciplina y vigilancia, que le permiten controlar y determinar la forma en que se deberá ejecutar la prestación de lo servicios, y del otro lado, los intereses del empleado, que se encuentra permanentemente subordinado a su empleador, a la espera o cumpliendo efectivamente sus órdenes.

Sin embargo, el poder de dirección patronal, como los demás derechos
positivados en cualquier ordenamiento jurídico, no constituye un derecho
absoluto, en la medida que el principio de protección y los derechos de la
personalidad conferidos al empleado determina ciertas restricciones o
limitaciones al ejercicio del poder patronal.

Por ello, el conflicto entre el ejercicio del poder de dirección por parte del
empleador y el respeto a los derechos de la personalidad del empleado se
encuentra presente en el cotidiano de las relaciones laborales, porque es a
través de este mismo poder que el empleador podrá supervisar, comandar y establecer la disciplina necesaria para el desarrollo del trabajo acordado.

No hay que olvidar, también, que es con fundamento en el poder de dirección que el empleador podrá aplicar sanciones administrativas, tales como advertencias y suspensiones a sus empleados cuando éstos practiquen alguna infracción funcional de menor gravedad que no acarree la resolución del contrato de trabajo por causa justa.

El poder de dirección conferido al empleador se funda en el derecho de
propiedad, que permite a su titular proteger, supervisar y decidir acerca del destino de sus bienes.Por otra parte, es importante subrayar que como todos los demás derechos, el de propiedad no se configura como un derecho absoluto, y debe, así, observar su función social.

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Muchas veces el ejercicio del poder de dirección del empleador podrá entrar en conflicto con los derechos de la personalidad de su empleado, por cuya razón es necesario que se demarquen sus límites, para que no sobrevengan ofensas a los a los derechos de la personalidad de sus subordinados.

La Constitución brasileña garantiza la inviolabilidad del derecho a la vida, a la libertad, a la igualdad, la intimidad, la vida privada, a la honra e imagen de las personas; de esta manera, dichos derechos deben ser respetados, no sólo por el Estado, sino también por los particulares entre sí en sus relaciones privadas.

La citada previsión constitucional se ha inspirado en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, así como en la Convención Interamericana de Derechos Humanos, también conocida como Pacto de San José de Costa Rica.

Es importante recordar que los derechos fundamentales usualmente
asegurados por la Constitución, son los mismos derechos de la personalidad; su distinción reside en el ámbito de las relaciones en que estos derechos se encuentran insertados.

Si el enfoque gira entorno a las relaciones de Derecho Público, con finalidad
de protección de la persona contra los excesos del Estado, a estos derechos se les denomina derechos fundamentales.

Por otra parte, si nos referimos a las relaciones de Derecho Privado, con
finalidad de protección a la persona frente a otros individuos, a estos derechos denominamos derechos de la personalidad.

No se hace necesaria una discusión más profunda respecto a la importancia de los derechos de la personalidad, inherentes a todo ser humano, con protección mínima asegurada a cualquier persona para que pueda vivir con dignidad.

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Se puede igualmente afirmar que los derechos de la personalidad no tienen
una relación rígida y taxativa, en la medida que en cada realidad se reconocen ciertos derechos como inherentes a la esencia del hombre, encontrándose, de esta forma, en permanente expansión.

Es importante aclarar que la legislación laboral brasileña no cuenta con normas específicas destinadas a proteger los derechos de la personalidad del trabajador, siendo dicha protección de orden constitucional y desarrollada por medio de la doctrina y de la jurisprudencia.

Se indaga, entonces: ¿cómo conciliar el derecho de propiedad del empleador con los derechos de la personalidad de sus empleados?

En el cotidiano se constatan algunas intromisiones del empleador en la vida privada de sus empleados, como por ejemplo, al investigar sobre las preferencias del trabajador, el monitoreo de mensajes enviados por el
ordenador, el cacheo del trabajador, la instalación de equipos de filmación, etc.

Ante la multiplicidad de situaciones, las ofensas a los derechos de la
personalidad del empleado pueden ocurrir en la etapa pre-contractual o
durante el desarrollo de la relación de empleo.

Con respecto a la etapa pre-contractual, la violación de los derechos de la
personalidad pueden ocurrir cuando la investigación realizada por el
empleador no se limite, únicamente, a las cualidades profesionales del
trabajador, indagándose acerca de las opiniones políticas, religiosas,
orientación sexual del candidato, o eventualmente, al solicitarle la realización de exámenes médicos que demuestren la inexistencia de embarazo, adicción a alguna sustancia que cause dependencia, investigación del virus HIV, exigencia de certificado de antecedentes penales, etc.

No obstante tales consideraciones, será perfectamente admisible la
averiguación de la conducta personal de un profesor de escuela básica, en el supuesto de que éste haga uso regular de sustancias estupefacientes.

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Durante el transcurso del contrato de trabajo son frecuentes las formas de
vigilancia a través de monitoreo audiovisual por circuito cerrado en el ambiente de trabajo, que deberá restringirse únicamente al local de la prestación de servicios, excluyéndose los vestidores, las áreas de descanso, alimentación o higiene del trabajador, siendo imperioso que estos métodos sean de conocimiento de los empleados.

De la misma manera, el cacheo, en caso de que se realice por muestreo entre los numerosos empleados y en actividades que justifiquen dicho procedimiento, como industrias farmacéuticas, producción de armas y municiones, siempre que se respete la intimidad del trabajador y con conocimiento del sindicato de la categoría, no configura ofensa a los derechos de la personalidad, puesto que el cacheo realizado con moderación y razonabilidad no caracteriza abuso de derecho por parte del empleador, sino el ejercicio regular de su poder de dirección.

Asimismo con relación al monitoreo de los sitios web accedidos y correos
electrónicos recibidos y enviados por el empleado, esta práctica no constituye abuso del empleador, dado que dichas facilidades se han concedido al trabajador para obtener mayor eficiencia y productividad, y no se permite, claro,el acceso a sitios pornográficos, así como el intercambio de mensajes virtuales particulares, haciendo uso del correo electrónico corporativo, no relacionados con la actividad desarrollada por el empleado.

Es importante recordar las situaciones de constreñimiento que puedan llevar a caracterizar el asedio moral o sexual del empleado, que ofenden así los derechos de la personalidad del trabajador. Una vez comprobada la ofensa a los derechos de la personalidad, el empleado podrá instaurar una demanda judicial contra su empleador, reivindicando el pago de indemnización por daño moral.

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Dichos pleitos serán objeto de apreciación y fallo por la Justicia Laboral,
destacándose que en el ordenamiento brasileño no existen parámetros rígidos para la fijación de la indemnización debida al trabajador ofendido, quedando a juicio del magistrado, según la prueba presentada por las partes, la valoración del grado de la ofensa sufrida (mínimo, medio o grave), la dimensión financiera del empleador (empresa de grande, medio o pequeño porte) y el nivel salarial del empleado.